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Escrito por hector luis manchini
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Lunes, 13 de Octubre de 2025 12:35 |
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Durante los tiempos en que Argentina aplicó la doctrina de la Carta Magna abriendo sin restricciones las puertas a la exportación y a la importación, al libre ingreso de capital y de elemento humano el país creció sin límite, ocupábamos los primeros puestos entre los países relevantes del orbe, con un futuro que no tenía límites prosperidad que se fue revirtiendo sin prisa pero sin pausa cuando el populismo intervencionista se fue asentando en esta desafortunada Nación hasta llegar a cerrar las puertas a importaciones y exportaciones, circunstancia que llevó a la fuga de capitales ante tamaña hostilización y la pérdida de innumerables puestos de trabajo genuino que fueron reemplazados por dádivas, planes, subsidios que transformó al país en una ruina y sumió al pueblo en la pobreza más extrema todo ello seguido de una incomprensible dilapidación de divisas que nos llevó a la extinción de las reservas que exige una adecuada actividad económica.
En un artículo publicado en el diario La Nación on line del miércoles 7/10/2015 bajo el título «El costo de alejarnos del mundo» el periodista Roberto Cachanosky dice: «De ser un desierto, la Argentina se transformó, a partir de 1880 con la consolidación nacional, en una potencia económica. Una ola de inmigrantes, que no venían a buscar un plan social sino a trabajar, llegó a la Argentina. El valor del esfuerzo y el trabajo imperaban en estas tierras. Las inversiones fluían y las exportaciones no paraban de crecer. Ese resultado no fue casualidad, hubo un marco institucional llamado Constitución Nacional de 1853/60 que fue la base sólida sobre la cual se construyó un país que era admirado en el mundo. Es seguro que ese enorme potencial que tenemos para crecer puede repetirse. Por supuesto que no bajo la locura de la sustitución de exportaciones e importaciones ni del populismo depredador. Puede lograrse recuperando los valores que imperaron en la Constitución que nos legó Juan Bautista Alberdi, ese genio tan ignorado en estos tiempos y que nos indicó que la integración al mundo era el camino. Por ignorar a nuestros sabios próceres como Alberdi tiene un costo. Y así nos va».
Por capricho, ceguera o pura soberbia, el gobierno kichnerista nos apartó del mundo, nos alejó de Alberdi y de la filosofía de la Constitución Nacional de 1853 de la inversión de capitales y el trabajo genuino, de la senda del progreso y el desarrollo sostenido.
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Última actualización el Lunes, 13 de Octubre de 2025 12:54 |