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La banda que tenía por jefa a Cristina Fernández se hicieron multimillonarios a la vez que el país perdió sus reservas, el crédito y se convirtió en la gran villa miseria.
En el transcurso de mi vida dedicada al derecho y a la justicia jamás vi una estafa tan alevosa como la que describen con excelencia y claridad los fiscales Luciani y Mola.
Además de estar en la quiebra más absoluta, la vergüenza de haber sido víctima de tamaño fraude no tiene remedio pues a la Nación le costará décadas remontar esta tragedia que generó la huida de los jóvenes, empresas y además como si todo eso fuera poco nos transformaron en un aliado de las dictaduras del mundo como Nicaragua, Cuba, Venezuela, Rusia, China e Irán, llegando al colmo de que el presidente le abriera las puertas de par en par del país a un líder totalitario.
No obstante, a los argentinos nos queda la esperanza que en cada causa donde está procesada la vicepresidente y particularmente en esta en que los fiscales Luciani y Mola con minuciosidad, sabiduría y una valentía sin límite en cada audiencia del alegato del Ministerio Público Fiscal derrotan el mentiroso relato del kirchnerismo, demostrando los hechos que nos llevaron a la ruina y por el cual deberán pagar en la cárcel pues el daño que han hecho no puede cobijarse en fueros que en este caso serían privilegios inconcebibles.
Por lo expuesto, el recurso presentado por la defensa de Cristina Fernández de Kirchner ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU para pedir la revisión y suspensión de su condena e inhabilitación en la causa Vialidad, con el que sus abogados —Carlos Beraldi, Javier Borrego y Rafael Valim— buscan anular el juicio y levantar la prohibición para ejercer cargos públicos no ha prosperar. |